Lo
pensé muchas veces.
Te veía cruzando,
todas las tardes,
todo el verano.
Buscando encontrarte entre la gente…
Y pasó: nuestros relojes por fin coincidieron.
Y la casualidad, ella, hizo su parte.
Fue un encuentro cruel y generoso:
sin prometer nada,
sin dejar que el instante se pierda.
La urgencia de quien todavía quiere,
aunque ya no tenga derecho.
Te veía cruzando,
todas las tardes,
todo el verano.
Buscando encontrarte entre la gente…
Y pasó: nuestros relojes por fin coincidieron.
Y la casualidad, ella, hizo su parte.
Fue un encuentro cruel y generoso:
sin prometer nada,
sin dejar que el instante se pierda.
La urgencia de quien todavía quiere,
aunque ya no tenga derecho.
Y
ahí, parados,
intenté cuidarte otra vez:
una palabra limpia,
un deseo bueno,
una ocurrencia tierna
que ya no exige nada.
Y sonreíste.
Por un momento
la vida nos devolvió
esa complicidad…
Después
vino el golpe:
tu presencia se transformó en ausencia inmediata,
dejando el recuerdo de un hogar que ya no existe,
pero que todavía me persigue.
Ya
no sé si soy el narrador o el fantasma
de una historia que me tiene atrapado
en un lugar sin tiempo,
mirando versiones de nosotros donde somos felices:
apoyándonos, cuidándonos, creciendo…
viviendo esa vida
que en esta no.
intenté cuidarte otra vez:
una palabra limpia,
un deseo bueno,
una ocurrencia tierna
que ya no exige nada.
Por un momento
la vida nos devolvió
esa complicidad…
tu presencia se transformó en ausencia inmediata,
dejando el recuerdo de un hogar que ya no existe,
pero que todavía me persigue.
de una historia que me tiene atrapado
en un lugar sin tiempo,
mirando versiones de nosotros donde somos felices:
apoyándonos, cuidándonos, creciendo…
viviendo esa vida
que en esta no.

No hay comentarios:
Publicar un comentario