Él siente demasiado y casi nunca
de forma simple.
No se enamora por accidente: elige quedarse atrapado. En una persona, en una
idea, en una mirada, en una sensación que de pronto empieza a ocupar más
espacio del que debería.
En su forma de amar, hay algo
particular: contempla más de lo que actúa, imagina más de lo que dice. Y cuando
algo le importa de verdad, en vez de acercarse, a veces se aleja un poco para
no perder el control.
Suele hacer bromas cuando quiere llorar,
cuando tiene que decir algo serio, cuando se siente invadido o demasiado
expuesto. El humor es la forma que aprendió para hacer que las cosas no pesen
tanto. Parece despreocupado, pero no lo es. Todo lo vive con más intensidad de
la que muestra.
Lleva consigo la costumbre de
anticipar finales, de despedirse antes de tiempo, de acariciar lo que siente
que un día va a extrañar, de mirar lo que ama con una pequeña nostalgia
incorporada. Y, sin embargo, sigue buscando vínculos que lo desarmen, porque en
el fondo le gusta sentirse habitado por las cosas que no puede controlar.








.jpg)